Sed de triunfo: la delgada línea de la ética

Más que Ciencia

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Hace ya un par de años, les hablamos del experimento Milgram, ese que se realizó en la década de los 60 y que probó que personas normales son capaces de llegar a la tortura de un semejante amparándose en la obediencia debida —seguir órdenes de alguien a quien creemos superior en el escalafón sin pararnos a pensar si estas son justas o tienen consecuencias para terceros—.

Un experimento que entre otras cosas introducía algo de lógica, aunque fuera perversa, para entender cómo un país entero se puede volver loco y seguir ciegamente —activa y pasivamente— a un dirigente con propuestas descabelladas; por ejemplo, la Alemania nazi. Este psicólogo norteamericano pretendía estudiar el porqué se obedecen órdenes destructivas cuando proceden de la autoridad.

Lo que a tenor de una revisión de estos experimentos no se cuenta es que sus participantes obedecieron en nombre de la Ciencia, o mejor dicho, el creer…

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Acerca de biologocurioso

Biólogo por la Universidad de Navarra apasionado del comportamiento animal y la naturaleza

Publicado el 25/09/2014 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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